Invocaciones del Mal
Crónicas del Abismo
Daño Mental y el Abismo de la Psique
Invocaciones del Mal trata sobre el colapso mental y el aislamiento absoluto de la psique. A través de un relato crudo, se disecciona el estado de un hombre devorado por sus propias tinieblas internas, explorando la destrucción de la consciencia y el quiebre total de la realidad.
Aquí se presenta la letra de Invocaciones del Mal, una crónica donde la desolación y el daño mental son los únicos protagonistas de este relato de sombras.
Caminaba bajo un sol de mediodía,
pisando hojas secas junto a mi mujer,
nuestra hija corría por la galería,
con pan en la mesa y tardes por leer.
El jardín florecía, verde y ordenado,
mis amigos reían dentro del salón,
era el dueño de un tiempo firme y coronado,
un hombre de certezas y justa precisión.
Pero un jueves de escarcha la luz se detuvo,
una sombra de abrigo se plantó en el umbral,
no golpeó la madera, permiso no tuvo,
sus zapatos mojados mancharon el portal.
Cerró las ventanas con un golpe tajante,
corrió las cortinas, matando el fulgor,
desmontó los ladrillos de mi muro gigante,
y rompió los retratos de mi antiguo esplendor.
Se sentó en mi butaca, dictando sentencia,
convirtiendo la casa en un bloque de sal,
desterrando a los míos de mi propia consciencia,
inaugurando el reinado del daño mental.
Me ordenó examinar la comida servida,
afirmando que el plato ocultaba traición,
vi a mi esposa asustada, buscando salida,
pero él susurraba que era una agresión.
Las paredes del cuarto empezaron a hundirse,
mis amigos huyeron temiendo mi furor,
vi los marcos de roble de pronto partirse,
mientras él me dictaba su extraño pavor.
Desconectó los cables, rompió el televisor,
cubrió todos los vidrios con largas telas grises,
redujo mis anhelos a un estado interior,
arrancando de cuajo mis hondas raíces.
Destruyó los pasillos con paso aplastante,
selló las salidas, ahogando el calor,
desmontó las columnas de mi techo gigante,
y quemó las memorias de mi antiguo valor.
Se ancló en mi memoria, dictando sentencia,
convirtiendo la mente en un bloque de cal,
aislando mi nombre de toda clemencia,
coronando el imperio del quiebre total.
Ahora piso los vidrios de la sala vacía,
él camina a mi lado, marcando el compás,
la familia es un rastro de una fotografía,
que el polvo y el miedo dejaron atrás.
No hay afuera ni adentro, no existe la calle,
solo un cuarto cerrado con un solo sillón,
donde escucho a este huésped narrar el detalle,
de cómo aniquiló mi postrer vocación.
Ya no busco salidas, la llave está rota,
el intruso gobierna el reloj y el farol,
mi pasada existencia es apenas la nota,
de un teatro en penumbras que apaga su sol.
Dominó las cenizas con gozo arrogante,
tapió las rendijas, ahogando el clamor,
clausuró los cimientos de mi vida brillante,
y borró la silueta de mi propio sudor.
Se instaló en la demencia, dictando sentencia,
volviendo la historia un silencio mortal,
devoró lo que amaba con fría indulgencia,
dejándome solo en el pozo final.
Ya no hay paisaje... solo mira la pared...
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