En el bosque de los pinos susurrantes donde la niebla devora la luz se alza una sombra de extremidades errantes que no carga el peso de ninguna madera. Sin rostro, sin ojos, vestido de gala un traje negro que el tiempo no ajó su presencia es un frío que el alma exhala cuando el destino a los niños marcó. Tentáculos brotan de su espalda marchita como ramas de un árbol de pura maldad el silencio se vuelve una voz que te invita a perderte por siempre en su inmensidad. Slenderman, el guardián del vacío señor de los bosques de la perdición tu abrazo es un rastro de eterno frío que apaga por siempre cualquier emotion. Ocho notas en papel amarillento dibujos que claman por una salida pero él se alimenta de tu sufrimiento mientras te arranca jirones de vida. La estática inunda la mente y la vista interferencia en la fibra del ser no hay refugio que su acecho resista cuando su silueta empiezas a ver. Caminas en círculos, la noche te engaña el tiempo se dobla en un nudo fatal eres la presa en su oscura telaraña un sacrificio en su templo de cristal. No hay gritos que rompan esta calma espesa él no necesita de voz para hablar te absorbe la esencia, te vuelve su pieza un rastro de sombra que no ha de volver. El blanco absoluto de su faz inhumana es el último espejo que habrás de mirar mientras la noche se vuelve mañana en un bosque que nunca te dejará escapar. Él está cerca... no mires atrás...